REVISTA TEOLÓGICO-PASTORAL

KOINONÍA

El Cordero de Dios

2° Domingo del tiempo Ordinario Ciclo A - Pbro. Lic. Marcos Rodríguez Hernández.

Después de las fiestas de Navidad y Epifanía, iniciamos el tiempo ordinario, de este ciclo A, donde el evangelio de Mateo nos acompañará. Sin embargo, este domingo leemos un pasaje del evangelio de san Juan.

Este evangelio en particular nos engancha en este contexto. Por un lado, recuerda el bautismo del Señor -fiesta con la cual concluye el tiempo de Navidad- con el Jesús adulto que comenzará a predicar el reino de Dios.

En el centro de esto encontramos la presentación que hace el Bautista de Jesús: “Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” Juan lo señala delante de sus discípulos como aquel que le dio sentido a su predicación, por el que preparó los caminos del Señor, haciendo recto sus senderos.

La expresión “Cordero de Dios” ha permanecido en nuestros días en la liturgia, pero su significado va más allá. En el contexto de la liturgia veterotestamentaria los corderos tienen una importancia en el sentido del ofrecimiento que se hace con ellos: de comunión, de expiación, con el Señor. Jesús lleva adelante la misión de “cargar” con los pecados del mundo, para ofrecer su vida en expiación por ellos.

Hace ocho días, en la epifanía, escuchábamos en el anuncio de las fiestas movibles que el domingo es nuestra pascua semanal; no solo el domingo, también cada que se celebra la Eucaristía celebramos la pascua del Señor, su ofrecimiento por los pecados del mundo. Por esto se sigue conservando esta frase; el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo.

Al inicio de esta parte del ciclo litúrgico, entonces, ya se nos presenta a Cristo con su misión, y se podría decir que ya no hay nada más. Pero después de la presentación, Juan (el evangelista) prosigue: “Juan (el Bautista) dio este testimonio”. El tiempo ordinario es el tiempo de la interiorización de este testimonio que escuchamos en el evangelio.

Por ello, al contemplar al Cordero, contemplamos también el testimonio que los que estuvieron con él tuvieron; en el seguimiento, en las enseñanzas, en el día a día con el maestro. En los domingos del tiempo ordinario, al repasar el evangelio, nos invita a que hagamos como Juan: dar testimonio de lo que el Señor hace con nosotros, en nuestro crecimiento cristiano y de seguimiento.

Nos ayuda el Espíritu Santo, que ungió a Jesús en su bautismo, que lo animó en su vida pública y que nosotros recibimos el día de nuestro bautismo, acrecentamos en la confirmación y nos acompaña en nuestro caminar.

Que el Espíritu Santo nos anime y fortalezca, para que podamos ser nosotros también “luz de las naciones”, como dice la primera lectura. Nosotros hemos sido elegidos para ayudar al Señor en esto, en iluminar a las naciones con la luz del evangelio, y de nuestro testimonio.

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