REVISTA TEOLÓGICO-PASTORAL

KOINONÍA

Conviértanse

Domingo II - Tiempo Adviento - Ciclo A - Pbro. Dr. Manuel Valeriano - Diócesis de Xochimilco


Encendemos la segunda vela de nuestra corona de Adviento y con este gesto confirmamos la meta hacia la cual nos dirigimos. La liturgia de este domingo nos propone reflexionar tres aspectos:

1.- Alguno pensará que existe un abismo entre el paraíso que el profeta Isaías dibuja en su texto y la existencia tal cual la vivimos en nuestros tiempos. La razón de ello es que nuestro mundo está marcado por el odio y la venganza, se ha fraguado de manera paulatina la cultura del desquite. A pesar de que en algunos escenarios políticos y sociales se nos habla de una superación de la violencia, lo cierto es que a ésta la palpamos todos los días y a todas horas. Ya no se habla simplemente de violencia, sino de crueldad e impiedad. Parece que el hombre de hoy empatiza más con el mal que con el bien. Evidentemente no podemos dejar de mencionar, entre otras, los estragos de la pandemia. Sin embargo, este mundo sellado por las circunstancias adversas no es distinto del mundo en el que vivió Isaías. Los sabios dicen que cuando Isaías profetizaba estas palabras sobre la gente de Israel, las personas vivían en una situación de devastación y de muerte a causa de las guerras. Por lo tanto, el sentido profundo de lo que se describe en la Primera Lectura está en la capacidad de mirar la realidad con una gran esperanza, porque Dios hacer surgir vida en la aridez de la historia. Se podría decir que de cara a la devastación Isaías tiene la plena confianza que ese mundo no es para siempre y de alguna manera sueña con una realidad nueva y mejor. El profeta nos recuerda que no existen problemas eternos, que siempre hay una solución.

2.- Cuántas veces hemos hecho un análisis agudo y profundo de la realidad en la que vivimos, pero no hay voluntad para cambiar el pequeño entorno en el tejemos nuestra historia. Nos quejamos de la violencia a nivel social, pero no hemos dejado de lastimar a la gente que más queremos, a las personas que están cerca de nosotros. En otras palabras, el hecho de mirar con esperanza la vida, no significa cruzarnos de brazos y resignarnos, de alguna manera, a que nada va a cambiar. Pero precisamente conversión y cambio es la exhortación que hace Juan el Bautista. Preparen el camino del Señor, hagan rectos su senderos escuchamos en la aclamación antes del Evangelio. Ninguno de nosotros podría estar a gusto con su desorden, con la vida frenética que a veces llevamos, con las distracciones sistemáticas, con el hecho de no tomar en serio nuestra propia historia. En el fondo, mediante la luz de la conciencia, nos percatamos que debemos cambiar actitudes, sentimientos, caminos y mentalidades. En este sentido, la fe le permite a cada cristiano encontrarse con una chispa de luz a pesar de que su entorno esté en tinieblas.

3.- La liturgia de este domingo, como cada domingo de Adviento, nos invita a preparar la Navidad. Pero existen diversos modos te prepararse. Algunos la reducen a un aspecto sentimental, cuasi mágico y de este modo se ama la atmósfera navideña, pero sin dejarnos golpear por el acontecimiento de la Encarnación del Hijo de Dios. Por eso, no basta apelar a la tradición dice Juan el Bautista, no es suficiente la fe como una simple etiqueta externa, ya que a quien esperamos nos pide construir una vida en la autenticidad de lo humano. El anuncio se ha hecho, nos toca nosotros acogerlo.   

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