Navidad 2021 - Revista Koinonía 2022

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¿Qué nos recuerda la Navidad?

Pbro. Dr. Manuel Valeriano Antonio
Diócesis de Xochimilco

Queridos hermanos, nos hemos preparado a lo largo de cuatro semanas para este momento, para este día de gozo que no se reduce a una jornada. La razón de ello es que la Navidad no puede ser un evento que simplemente aconteció en la historia; un hecho importante, como otros, que se estudia incluso en la escuela, pero nada más.

La navidad, más bien, se vive cada año por quienes creen y no creen, por los que forman parte de la Iglesia y por lo que no, por quienes se sienten hijos y por los que ahora no saben qué significa tener un Padre, porque al final la Navidad es una fiesta para todos.

Como hemos señalado, por casi dos meses hemos pensado en la Navidad. Qué prenda de vestir usaremos, qué vamos a cenar, dónde iremos, con quién estaremos o qué regalos deseamos recibir; la televisión y los centros comerciales nos han bombardeado con nuevos enseres creando nuevas necesidades. Con éstos y otros tantos gestos nos hemos preparado para vivir una fiesta en el sentido genuino de la palabra.

Es verdad que algunos no ven la Navidad como una fiesta extraordinaria, sino como un escenario donde se agudiza la nostalgia y la tristeza. ¿Cómo hablarle a una persona que ha sido herida, que ha sido lastimada, que vive en la soledad, del gozo que deriva de la Navidad?

Ciertamente es difícil, pero si somos honestos y centramos nuestra mirada en lo que la Sagrada Escritura nos señala estos días, nos daremos cuenta que ni para José ni para María la Navidad ha sido un evento fácil y accesible a primera vista.

El hecho de que Dios se hace hombre no debe llevarnos a romantizar la vida y a pensar que solamente tiene el rostro de la bienaventuranza. Los evangelistas apuntan cómo María, por ejemplo, busca comprender y ordenar, por decirlo de alguna manera, las piezas del un imprevisto rompecabezas.

La Navidad no ha sido algo simple para José, porque le ha cambiado un proyecto de vida, lo ha desinstalado de sus convicciones más profundas, lo ha llevado al exilio y a hecho vivir en la pobreza que de ello se deriva.

Tampoco para nosotros la Navidad es algo cómoda; aún palpamos los estragos de la pandemia y ésta nos sigue persiguiendo con la amenaza de alcanzarnos. La Navidad no es fácil en un mundo donde los valores morales han sido violentados y donde se ha pisoteado la justicia y el derecho. No es sencilla la Navidad en un escenario donde el desprecio por el ser humano se consolida de manera más aguda y cruel.

Quien nos diga que la Navidad significa ausencia de tropiezos nos miente. Quien nos diga que la Navidad solamente es júbilo nos engaña. De hecho la grandeza de la Navidad radica en que Dios viene en los momentos de fatiga, de lucha, cansancio y desolación. Dios ha nacido y nace en una noche fría de invierno en el desierto. Si pudiéramos hablar de un regalo es precisamente éste: el entender que la alegría es compatible con las dificultades ordinarias de la vida; que la pérdida de la alegría no mejora el mundo y no ayuda en nada a los que sufren.

La Navidad nos recuerda que Dios no es el adversario del hombre. Él no es el enemigo a vencer. Más aún, nuestro mundo no puede ser inhóspito si Dios habita en él, la vida no puede ser oscura si Dios tiene un lugar en ella. Por eso, todos los nobles gestos que hemos tenido como preparación para este día, deben ser hechos con el gozo de quien está agradecido con Él y no como quien se han olvidado de Dios.

Si pensamos que Dios es alguien que viene a arruinarnos la vida, si creemos que Dios es un obstáculo en nuestro itinerario de realización, si nos convencemos que Dios nos arrebata la felicidad, entonces no tiene sentido la Navidad, porque seremos como aquella tiniebla que se resiste en ser iluminada.

Sigue siendo verdad que en nuestra fragilidad Dios quiere habitar. Sigue vigente el hecho de que ninguna pandemia, ninguna adversidad o noche alguna puede desmentir la bondad de Dios. La Navidad nos permite salir de nuestro dolor y de nuestro victimismo para llevarnos al encuentro de Aquel que ha nacido para salvarnos. Recibir la Luz o rechazarla, es lo que hará diferente una vida, una historia, una Navidad.

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