IV Adviento C - Revista Koinonía 2022

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Que tu mano protega a tu escogido
Salmo 79

Pbro. Lic. Adrián Tapia
Diócesis de Xochimilco

Hemos llegado ya al Cuarto Domingo de Adviento es la puerta a la Navidad y último domingo de este tiempo. Y esa puerta la abre la figura estelar del Adviento: María. Ella se entrega al misterio de Dios para que ese misterio sea humano, accesible, sin dejar de ser divino y de ser misterio. Y por eso María es el símbolo de una alegría recóndita.

Mi 5,1-4
Esta primera lectura, si la miramos el texto en su profundidad podría inferir algunos aspectos interesantes y teológicos: Del nuevo rey se destaca:
1) sus orígenes humildes, como humildes fueron los orígenes de David, significados en la aldea de Belén;
2) su continuidad con la dinastía davídica, que gobierna al pueblo; desde tiempo inmemorial;
3) será el final del tiempo actual de abandono y dispersión: el pueblo entero, incluso el Reino del Norte destruido, será nuevamente reunido;
4) en él se manifestará la obra de Dios que, a través de este rey, velará por su pueblo;
5) el objetivo es que el pueblo pueda vivir en paz, liberado de las angustias que ahora sufre: por eso este rey tiene como nombre la misma paz.

Hb 10,5-10
El texto está construido con el apoyo en el Salmo 40. El autor de la carta rechaza los sacrificios (cuatro géneros de sacrificios) para mostrar su inoperancia: en realidad todos los sacrificios de animales y ofrendas de cualquier tipo, y presenta la vida de Cristo, el Sumo Sacerdote, como verdadero sacrificio, porque su vida es una ofrenda, no de sacrificios y holocaustos, que no tienen sentido, sino de entrega a nosotros. La “encarnación”, pues, viene a sustituir los sacrificios antiguos, porque “Alguien” ha venido de parte de Dios para personalizar humanamente la voluntad de Dios.

Lc 1,39-45
A María Santísima el encuentro que tuvo con el ángel no la detuvo ni la estacionó en un estado de privilegio, ni considerarse como alguien a la que debían tener un lugar especial, sino que al contario, la hizo ponerse en camino al servicio de prima Isabel, llevándole la alegría de la vida en su vientre.
El evangelio de Lucas relata la visita de María a Isabel; una escena maravillosa; la que es grande quiere compartir con la madre del Bautista el gozo y la alegría de lo que Dios hace por su pueblo. Es como una visita divina, (como si Dios saliera de su templo humano) ya que podría llevar ya en su entrañas al que es “grande, Hijo del Altísimo” y también Mesías porque recibirá el trono de David.
El relato, sin embargo, quiere mostrarnos el ejemplo de esta muchacha que con todo lo que se le ha pedido pone su confianza en Dios. Y esa fe se nos propone en María de Nazaret, para que advirtamos que el hombre que quiere ser como un dios, se perderá; pero quien acepte al Dios verdadero, vivirá con El para siempre.
Pidamos al Señor que siendo hombres y mujeres del sí como María Santísima, contribuyamos para la extensión del reino de paz y de justicia.

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