Domingo XXV Ordinario Ciclo C - Revista Koinonía 2022

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Moralidad, astucia y justicia
Domingo XXV - Ordinario - Ciclo C

Pbro. Lic. Marcos Rodríguez Hernández
Diócesis de Xochimilco

La enseñanza de Jesucristo no solo se basa en una espiritualidad, es decir, en nuestra relación con Dios. Sabemos bien que el evangelio conecta con la vida porque la espiritualidad va unida a la caridad. La expresión del cumplimiento de la palabra es nuestra manera de relacionarnos con el hermano.

Esto es lo que concierne a la moralidad, que algunos llaman ética, pero queda reducida a calificar los actos como buenos o malos. La moralidad va más allá de una mera calificación, fijando las costumbres de los hombres en su convivencia cotidiana. Con estos presupuestos podemos reflexionar la palabra de Dios que se nos proclama este domingo. La moralidad se expresa en el ser cristianos o, mejor dicho, seguidores de Cristo.

Las primeras comunidades cristianas lo entendieron, y el mismo Lucas nos dice que tenían un solo corazón y compartían sus bienes (cfr. Hch 2, 42ss). Pero la utopía lucana se va desvaneciendo cuando más adelante, unos esposos venden una propiedad y solo entregan una parte a los apóstoles, quienes les dicen: ¿Por qué dejaste que Satanás llenara tu corazón hasta el punto de mentir al Espíritu Santo, guardándote parte del precio del campo? (Hch 5, 1-11). Este ejemplo nos ilumina sobre nuestra posición frente a las cosas del mundo, o como lo llama Jesús, el dinero, tan lleno de injusticias.

Por ello alaba al mal administrador, no por cometer fraude o injusticia, sino por su astucia. Esta “virtud” hace que el administrador vea una opción frente a su aquí y ahora, para salvar su futuro, aunque siga defraudando a quien le confió sus bienes. Con esto Jesús no quiere decir que seamos astutos como este hombre. Quizás nos ayude un sinónimo de esta palabra que da una connotación totalmente diferente: sagacidad. El diccionario la define como habilidad para comprender las cosas y percibir con claridad lo que conllevan.

Mientras en la astucia se saca provecho el comprender las cosas, la sagacidad nos clarifica las consecuencias de nuestras decisiones. Usando la parábola de Jesús, si el administrador hubiera sido sagaz, hubiera comprendido que el despido es consecuencia de sus acciones fraudulentas que, sin embargo, continúa haciendo.

La primera lectura nos abunda sobre esta idea: el profeta denuncia aquellos que solo buscan sacar provecho de su propia ventaja. Esto es una injusticia, porque hace al pobre más pobre y al rico más rico. Pero la sentencia del Señor es una: No olvidaré jamás ninguna de estas acciones. Así, la sagacidad nos debe llevar forzosamente a la justicia; la astucia nos lleva a la injusticia, al ponernos encima de los demás.

La segunda lectura por otro lado nos dice lo que Dios quiere: que todos los hombres conozcan la verdad; bien sabemos que esta verdad es Jesucristo, su Hijo, que es camino, verdad y vida. Volvemos al principio de nuestra reflexión cuando dijimos que es Jesús que nos dice como actuar en el camino de la vida.

Todavía más: Pablo sabe la manera que podemos obtener la sagacidad y la justicia: la oración. Orando por los que tienen en sus manos los destinos de los pueblos, orando por nosotros mismos con manos puras, que haga agradable nuestra oración a Dios. Dos pensamientos sobre los acontecimientos recientes: nuestras fiestas patrias son oportunidad de buscar y fomentar la unidad del pueblo mexicano, la astucia nos lleva a marcar nuestras diferencias en el “mesianismo”; la sagacidad nos hace reflexionar en cómo ser constructores de una mejor sociedad.

Hoy los obispos mexicanos nos piden orar por los jóvenes y adolescentes reclutados por la delincuencia. Ellos son nuestros pobres, pues no hay oportunidades de estudio, ni de trabajo, pero tampoco de tener una familia, oportunidad de cultivar los valores universales y cristianos en sus corazones.

Que nuestra oración sincera nos ayude a levantar las manos al cielo para que seamos auténticos cristiano, ciudadanos ejemplares y podamos juntos servir a Dios… y servirnos del dinero para construir una morada en el cielo.

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