Domingo XXIII Ordinario Ciclo C - Revista Koinonía 2022

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Domingo XXIII
Tiempo Ordinario
Ciclo C

Pbro. Dr. Manuel Valeriano Antonio
Diócesis de Xochimilco

Cualquier relación, por mínima que parezca, siempre implicará un compromiso. Una persona que va al mercado y compra una planta, desde el momento en que lo hace, adquiere con lo que compró, una obligación. Si eso sucede en algo tan simple como lo es una planta ¿qué compromiso contiene la relación de fraternidad, de filiación, de amistad, de noviazgo o de matrimonio?

Sobre la base de esta lógica entendemos que el camino del discípulo involucra ciertas exigencias; la primera de ellas es amar a Jesús por encima de cualquier otro vínculo humano, incluidos los más cercanos como son los lazos familiares (padre, madre, hijos, hermanos). La segunda es amar a Jesús más que a uno mismo, más que a la propia vida.

Las sabias palabras de Jesús no deben ser vistas como una amenaza a la libertad humana, porque la fe, en el genuino sentido de la palabra, es una elección, no es una obligación. Y si la fe de alguna manera es una elección, entonces se consolida, como toda opción que abraza una vida, después de un razonamiento, de un estudio, de un cálculo de fuerzas. De hecho, no es sabio ni prudente comenzar el itinerario y luego vararse a la mitad del camino, tal como nos advierten las dos breves parábolas de los vv.28 -32.

Jesús se dirige a quienes lo siguen. No les promete un paraíso terrenal, sino que les señala lo que significa asumir la fe cristiana. A primera vista las palabras de Jesús que expresan radicalidad para su seguimiento pueden causar temor, pero lo que cuenta es que nos invita a realizar una noble y honesta reflexión sobre nuestro ser cristianos.

De manera desafortunada cuando una creencia nos domina pensamos que sin él todo parece fácil y cómodo, como cuando los hijos insinúan que sin los padres todo sería libertad absoluta; hemos caído en la tentación de ver la fe como una carga que prácticamente arrebata nuestra felicidad; vivimos de manera calculadora que nos parece absurdo que Dios sea generoso con el ser humano. Sin embargo, la realidad es totalmente diversa de lo que proyectamos porque nuestra presunta libertad nos deja insatisfechos, las cosas no siempre se realizan como quisiéramos.

Jesús nos enseña a amar de manera adecuada. Dicho de otra manera, el seguir a Jesús requiere de una libertad ante cualquier tipo de apego, porque el amor sólo cuando es excesivo es suficiente. La vida del discípulo comporta, pues, un cambio de valores desde las categorías evangélicas; conlleva la capacidad de renuncia y de sacrificio, cargando con la cruz, para luchar con total disponibilidad por la causa del Reino de Dios.

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