Domingo XVI Ordinario Ciclo C - Revista Koinonía 2022

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Domingo XVI
Tiempo Ordinario
Ciclo C

Pbro. Lic. Marcos Rodríguez Hernández
Diócesis de Xochimilco

Comenzamos en muchos lugares de nuestro país, el periodo vacacional. Al menos en teoría, porque en realidad las vacaciones son en el ámbito escolar. Aun así, los hábitos de estos días cambian: se organizan cursos de verano, campamentos, los lugares turísticos y de descanso tienen más afluencia. A nivel eclesial celebramos la finalización de los cursos catequéticos con la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana. En fin, es un periodo festivo en muchas de nuestras familias.

La palabra de Dios en estos días nos puede ayudar a vivir de una manera más intensa este período del año. En este sentido podemos ver diversas actitudes en los personajes de estas lecturas: Abraham, en la primera lectura, nos muestra la costumbre oriental de la hospitalidad.

Podríamos decir que es un eco de la semana pasada y un preanuncio de lo que escuchamos en el evangelio. Abraham no pregunta quienes son esos hombres que pasan por su campamento, simplemente los recibe y los atiende como una visita preciada.

Ciertamente el trabajo no lo realiza él, sino Sara, su mujer (entonces, viendo el evangelio, Sara sería una especie de “Marta” y Abraham una especie de “María”). Al final de pasaje, Sara es premiada al anunciarle el nacimiento de un hijo, pero en el fondo, Abraham es recompensado al darse finalmente su descendencia, que es al mismo tiempo, cumplimiento de la promesa hecha por Dios.

El salmo nos ayuda a profundizar en la relación entre anfitrión y hospitalidad. Aunque la pregunta va más allá: ¿Quién entrará en tu casa? Un tema de dignidad, por eso la respuesta del salmista es sencilla El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua La dignidad de la persona es la que lleva a valorar su comportamiento etico-social, y por ello llega a habitar en la casa del Señor -su templo- Pablo comparte su activismo pastoral para el cual ha sido constituido, pero no es un activismo sin sentido; al contrario, a favor de los hermanos, para completar los sufrimientos de Cristo. La hospitalidad se vuelve solidaridad.

La sintesis de la palabra la tenemos en el evangelio. Encontramos alguien hospitalaria, Marta, que se desgasta por atender a Jesús y seguramente a sus invitados. Vemos a María que simplemente se sienta a los pies del maestro y escucha. A Jesús que asume su papel de maestro, pero también del que santifica el lugar.

Desgastado está ya la interpretación-confrontación de la vida activa y contemplativa de la Iglesia, del canonizar una actitud y denostar otra. Pienso que Jesús nunca quiso hacer esto. Al confrontar este pasaje con la pedagogía de Lucas encontramos un camino. No olvidemos que nos encontramos en el camino ultimo de Jesús, su viaje a Jerusalen.

Así, el pasaje de Marta y María es un camino a escoger la mejor parte. Jesús no menospreció la actitud de Marta, pero María escogió la mejor parte. Pero Marta seguramente llego a esa mejor parte, como lo vemos en el evangelio de Juan, a la muerte de Lazaro, hace su profesión de fe. Ante estas cosas que hemos reflexionado, y en nuestro propio camino con Jesús, podríamos preguntarnos hacia donde vamos. Porque aunque hemos dicho que no se trata de encumbrarnos en alguna de estas actitudes, si que existen en nuestra Iglesia encasillemientos en estas. Podemos pensar que el activismo pastoral o espiritual alimenta la vida de la Iglesia, y quedarnos en una pastoral de eventos que solo lleva a levantamientos espirituales, pero no a una permanencia en la casa del Señor. Recuerdo siempre a un sacerdote italiano que saluaba a sus fieles en Pascua: “¡felices pascuas! Y ¡hasta el proximo año!”.

La vida de oración y contemplativa es valorada en la Iglesia como sostén de la vida pastoral, no lo podemos negar, pero tampoco lo podemos encumbrar. Pensar que solo en la oración y/o ascesis se puede encontrar la santidad de la Iglesia es una visión muy reduccionista. La oración debe llevar a la acción. Leamos de nuevo el salmo 14: Señor, ¿quién entrará en tu Casa? El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua.

El que no hace mal a su prójimo ni agravia su vecino, el que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor. El que no se retracta de lo que juró aunque salga perjudicado. El que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará.
¿Cómo llegar a la mejor parte?
  • Recuerda la enseñanza de Jesús: ¿Qué lees en la palabra de Dios?
  • ¿Cómo pones en práctica la palabra de Dios en tu espiritualidad, en tu vida ordinaria?
  • ¿Tu vida de oración retroalimenta tu vida diaria o sólo es una serie de peticiones al Señor?
  • Recuerda, tu compromiso cristiano es un camino a la casa del Señor.


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