Domingo VI Pascua - Revista Koinonía 2022

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VI Domingo de Pascua
Ciclo C

Pbro. Lic. Adrián Tapia
Diócesis de Xochimilco

¡Su fulgor era semejante al de una piedra preciosa, como el de un diamante cristalino!
Hch 15, 1-2. 22-29

En los Hechos de los Apóstoles, vemos cómo actúa ese espíritu liberador con los discípulos procedentes del mundo gentil, no circuncidados. La circuncisión era el rito más importante para señalar la pertenencia religiosa al Pueblo de Israel. Esto impresiona que aquellas primeras comunidades cristianas tuvieron el valor y la fuerza del Espíritu para resolver el conflicto haciéndose la pregunta fundamental: “¿Por qué poner a prueba a Dios, tratando de imponer a los discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros antepasados hemos podido soportar?

El cristianismo encontró su identidad abandonando la Ley (la Torah) por un Cristo crucificado y resucitado. Y gracias a al Espíritu Santo que es fuente de unidad y de conciliación, ya que nos conduce a una Iglesia sinodal, tal como la desea su Santidad el
Papa Francisco.

Ap 21, 10-14. 22-23
Se continúa la esplendorosa visión del domingo anterior sobre la nueva Jerusalén. Es una nueva Jerusalén, sin templo, porque el templo es el mismo Señor, presencia viva de amor y fidelidad. Es la utopía de la felicidad que todos los hombres buscan, pero presentada desde la visión cristiana del mundo y de la historia. Por tanto, La nueva Jerusalén es una forma simbólica de hablar de un futuro que estará plenamente en las manos de Dios.

Jn 14, 23-29
Estamos, de nuevo, en el discurso de despedida de la última cena del Señor con los suyos. Jesús quiere poner de manifiesto que cuando él no esté entre los suyos, esa palabra no se agotará, sino que el Espíritu Santo completará todo aquello que sea necesario para la vida de la comunidad. Según Juan, Jesús se despide en el tono de la fidelidad y con el don de la paz. En todo caso, es patente que esta lectura nos va preparando a la fiesta de Pentecostés.

El amor en el pensamiento joánico es el fundamento del único criterio para cumplir con los designios divinos: quien ama está cumpliendo la voluntad de Dios, del Padre. El mundo, es verdad, necesita el amor que Jesús propone para que Dios “haga morada” en él. Y donde hay amor verdadero, allí está Dios, como podrá inferirse de la reflexión que el mismo apóstol y evangelista ofrecerá en 1Jn 4.

Unos de los más grandes místicos que tiene la Iglesia Católica es san Juan de la cruz, él menciona una frase que es aplicada para el final o ante la presencia divina en el día del juicio, y que en lo personal es mi favorita: “seremos juzgados en el amor”, por eso pidamos al Santo Espíritu, que nuestra vida se vaya desgastando haciendo el bien, evangelizando, perdonando y movidos por el inmenso amor que la Trinidad bendita, en su divina providencia nos regala, a nos convirtamos en amantes del amor de los amores.


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