Domingo II Pascua - Revista Koinonía 2022

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II DOMINGO DE PASCUA
¡Todos se reunían con un mismo espíritu!

Pbro. Lic. Adrián Tapia
Diócesis de Xochimilco

El motivo más importante que nos congrega el día domingo es el encuentro con Cristo resucitado, que nos muestra las llagas como identidad mesiánica y como prueba de su amor.

Hechos de los Apóstoles 5, 12-16
San Lucas, el tercer evangelista a quien se le designa la autoría de este libro y del evangelio que lleva su nombre, nos presenta una visión de conjunto de la vida de la comunidad primitiva y su crecimiento, manifestando el carácter de unitivo y reunidos por el Santo Espíritu para compartir nuestras vidas. El fragmento de hoy subraya especialmente el testimonio apostólico, sobre todo a través de signos y prodigios (como lo hacía Jesús) y la reacción de los que recibían el beneficio o de los que lo presenciaban ponderando la importancia de la fe de los creyentes como criterio en el accionar de la misericordia divina.

Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19
El hagiógrafo (escritor sagrado) recoge la visión de la vocación profética. Lo hace a través de signos e imágenes correspondientes a la literatura apocalíptica. Con ello nos intenta mostrar o presentar algunas verdades centrales: la Iglesia es perseguida como lo fue su Maestro y Señor (el Cordero degollado); en medio de la persecución es invitada a contemplar que el Cordero degollado está vivo ante el trono del Todopoderoso; por tanto, es posible mantener la fidelidad al Evangelio movidos por una gran esperanza.

Juan 20, 19-31
Interesante con el triple saludo de paz que nuestro Señor visita a sus discípulos confortándolos para que con valentía vivan el encuentro con el resucitado.
Las apariciones, pues, son un encuentro nuevo de Jesús resucitado que no podemos entender como una vuelta a esta vida. Los signos de las puertas cerradas por miedo a los judíos y cómo Jesús las atraviesa, “dan que pensar”, en todo un mundo de oposición entre Jesús y los suyos, entre la religión judía y la nueva religión de la vida por parte de Dios.
Vida nueva es la que ofrece Dios a través del (ruah), “sopló” sobre los discípulos recuerda acciones bíblicas que nos hablan de la nueva creación, de la vida nueva, por medio del Espíritu.
En este evangelio es difícil dejar desapercibido la intervención del calculador Tomás, apodado el fanático; precisamente La figura de Tomás es solamente una actitud nos quiere presentar las dificultades a que nuestra fe está expuesta; es como quien quiere probar la realidad de la resurrección como si se tratara de una vuelta a esta vida.

En un personalismo recalcitrante que vive la sociedad actual, continuamente queda de manifiesto con expresiones o frases típicas: ¡yo no necesito de ir a la Iglesia! En este tipo de mentalidades se pone en riesgo la fe y existe gran peligro en perderla, cuando ésta es vivida desde un personalismo, porque está expuesta a mayores dificultades. Esto sucede cuando nos ausentamos de la vivencia y perdemos el sentido de pertenencia en la comunidad parroquial (tal como sucedió a Tomás en la comunidad primitiva), dicha comunidad es nuestra comunidad de fe inmediata. Por consiguiente en una vida personalista no hay camino alguno para ver que Dios resucita y salva.
Tomás no se fía de la palabra de sus hermanos; quiere creer desde él mismo, desde sus posibilidades, desde su misma debilidad. Pero así no se “encontrará” con el Señor. Esa no es forma de “ver” nada, ni entender nada, ni creer nada. Cuando Tomás se siente llamado a creer como sus hermanos, como todos los hombres.
Diciendo «Señor mío y Dios mío», es aceptar que la fe deja de ser puro personalismo para ser comunión que se enraíce en la confianza comunitaria, y experimentar que el Dios de Jesús es un Dios de vida y no de muerte.
Creer desde, por y con la Iglesia, garantiza el encuentro sin obstáculos y nos facilita el contemplar al resucitado, introduciéndonos dentro de sus llagas para abrazar debidamente el misterio de nuestra fe: Pasión, muerte y resurrección.

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