Domingo II - Ordinario - Revista Koinonía 2022

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"Así manifestó su gloria"
Domingo II, Tiempo Ordinario
Ciclo C

Pbro. Lic. Marcos Rodríguez Hernández
Diócesis de Xochimilco

Pues aquel que quiso nacer para nosotros no quiso ser ignorado por nosotros, y por eso se nos revela… Hoy los magos encuentran llorando en la cuna al que buscaban resplandeciente en las estrellas… Hoy entra Cristo en las aguas del Jordán para lavar los pecados del mundo… hoy Cristo comienza la serie de sus signos celestiales al convertir el agua en vino” (San Pedro Crisólogo, sermón 160)

Hemos concluido las fiestas navideñas, pero su eco perdura a lo largo del año litúrgico. En efecto, el misterio de la encarnación no es un mero acontecimiento cronológico o puntual sino verdadero memorial, es decir, que el acontecimiento es salvífico puesto que toda acción de Cristo esta impregnado de ello. Por ello el Crisólogo pone en conexión los tres textos que han inundado nuestras liturgias dominicales.

Cristo se ha manifestado a los sabios de oriente para representar la manifestación a los pueblos paganos. La salvación es para todos, universal. Cristo se ha manifestado en las aguas del Jordán para presentarse como el Hijo amado de Dios, y así ser ungido como el que va a quitar los pecados del mundo. En estas dos anteriores “epifanías” entran en juego símbolos que manifiestan la divinidad de la segunda persona y su misión en el mundo.

La manifestación de hoy en las bodas de Caná son obra de él. El evangelista es muy claro al decir que así manifestó su gloria; y en este relato encontramos también elementos que ayudan a entender dicha manifestación:

La boda: es el signo del compartir con la pareja la alegría de la unión, de lo que significa formar una nueva familia. En la usanza judía el esposo cubre con su persona a la mujer, le dota de protección, nombre, imagen. Esto queda mucho más claro en la primera lectura en los desposorios del pueblo de Israel con Dios mismo: ya no te llamaran desolada, sino mi favorita. El encuentro de los esposos es el encuentro mismo de Cristo con un nuevo pueblo, un nuevo desposorio, que supera en todo al antiguo, mantenido y guiado por la ley.

El vino: signo de la alegría, de la fiesta, por ello es preocupante la falta de este. En la reflexión seguida podemos decir que es el momento en que Israel pierde la paciencia al no ver la acción de Dios presente en su historia, como antes. Ya no tener vino es ya no tener esperanza, no recordar como actúa Dios en la historia humana y personal.

Las tinajas: interesante el detalle de Juan al explicar que las tinajas son las destinadas para la purificación. Es de nuevo una clara relación con el pueblo judío, la antigua ley, es superada por la nueva ley, la del vino de la alegría, del encuentro personal de Dios con su pueblo a través de Cristo. La nueva ley es el amor, y de nuevo nos ayuda la imagen de los esposos, que como aplicará después san Pablo, es Cristo que se desposa con su Iglesia.

María: podríamos hacer una interesante reflexión basado también en la teología paulina, al presentar a María como la nueva Eva, que introduce la redención al mundo, y que cumple la promesa del protoevangelio: te aplastará la cabeza mientras buscas morder su talón.

Al inicio del tiempo ordinario en su lectura dominical, podemos emprender el camino del seguimiento de Cristo con esta manifestación de su gloria. El resultado es el mismo que narra Juan en el evangelio de hoy: sus discípulos creyeron en él.


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